Leganés,  Domingo, 25 de Junio de 2017
Leganés, de aldea a gran ciudad. Introducción
domingo, 26 de julio de 2009
Presentamos la introducción del libro “Leganés, de aldea a gran ciudad, en la que se recoge un resumen de las 89 placas que recorren el casco antiguo de Leganés dividido en seis itinerarios.

Las ochenta y nueve citas que presentamos en este libro tratan de resumir los acontecimientos más sobresalientes, los hechos más destacados, los personajes más ilustres que han pasado, vivido y morado por el devenir de la historia del término municipal, sin olvidar los aspectos religiosos, culturales y festivos, así como los valores artísticos que conserva esta ciudad, además de resaltar los edificios más emblemáticos de Leganés. De igual manera, recogemos lo que han escrito algunos literatos sobre nuestro municipio y hacemos un repaso a la producción que generaba la aldea más tarde villa y los medios de producción que se empleaban para ello. Tampoco nos hemos olvidado de los hombres menos ilustres, de sus gentes sencillas y el papel que han desempeñado en la historia de la nación o en la propia historia de su Concejo.

Sirvan estas líneas para reivindicar que los ilustres personajes y menos ilustres que han participado en el devenir de la historia de la villa tengan un mayor reconocimiento con la dedicación de una calle, plaza, colegio, parque, escultura e institución que lleve su nombre, porque bien que se lo merecen. Es verdad que existen desde 1999 ocho grandes esculturas, realizadas por Ricardo Bellver, dedicadas a los nueve personajes históricos de Leganés (Juan de Austria, hermanastro de Felipe II e hijo ilegitimo de Carlos V, que pasó su infancia en Leganés; el marqués de Leganés; el escultor y arquitecto barroco, José Benito de Churriguera, autor de los tres retablos de la iglesia del Salvador; los arquitectos neoclásicos Francisco Sabatini, autor del cuartel de las Reales Guardias Walonas y Ventura Rodríguez Tizón, autor de la ermita de San Nicasio; los hermanos Rejón (Julián y Leandro), que fueron fusilados por los franceses por enfrentarse a ellos en la guerra de la Independencia de 1808; Juan de Leganés, personaje histórico y literario que era famoso por su habilidad con los números, a pesar de ser analfabeto y por ello citado por sus vecinos en las Relaciones Topográficas de Felipe II, así como por Francisco de Quevedo en su obra “El Buscón”; y finalmente Inés la Aguadora, personaje a quien el poeta Luis de Góngora dedicó varias estrofas. La mayoría de las esculturas están situadas en las calles de la Rioja y Monegros del barrio de Zarzaquemada y en Valdepelayos.

Tendríamos que añadir al arquitecto que dirigió las obras del cuartel de San Carlos, José de Hermosilla; al flamenco Francesco Massy y la pepinera Ana de Medina, que trajeron de Flandes y cuidaron de Jeromín en la aldea de Leganés en el siglo XVI; el pintor del retablo de la capilla central de la iglesia del Salvador, Francisco Leonardoni. A estos deberíamos añadir a dos vecinos olvidados: Nicomedes de Soto Garrote y Pedro Díaz Vicente, que se enfrentaron a las tropas francesas, junto a los hermanos Rejón, en la puerta del Sol y fallecieron días después como consecuencia de las heridas sufridas, mientras que la gloria y la historia se la llevaron los hermanos Rejón.

Las primeras citas hacen un recorrido por la historia de la aldea desdela prehistoria y su fundación en 1280 hasta mediados del siglo XX, que es cuando la villa comienza su camino para convertirse, con el paso del tiempo, en una gran ciudad autosuficiente en todos los aspectos, siendo hoy, en cuanto a población, la cuarta ciudad de la Comunidad de Madrid y ocupando el puesto 32 de los municipios más poblados del país, por delante de 28 capitales de provincia y de 7 provincias.

En principio se había pensado colocar las placas de la historia de la aldea por orden cronológico pero ha sido imposible porque el espacio dedicado a ello que comprende desde la calle Rodrigo de Triana hasta la calle Santa Teresa es un espacio limitado para resumir esa historia y además se querían hacer coincidir hechos históricos o elementos constitutivos de recuerdo de algunas calles o lugares y relacionarlos con ello. Evidentemente, compaginar esto ha sido del todo imposible.

Por tanto se ha optado por seguir, en la medida que ha sido posible, el orden cronológico para que aquellas personas que quieran realizar un trayecto por la historia de la ciudad no encuentren demasiados saltos históricos salvo en aquellos casos, como hemos dicho anteriormente, que un lugar tenga su correspondiente cita, tanto de personajes como de cualquier elemento identificativo con el pasado. En este caso la cronología se rompe con el criterio de resaltar ese lugar por algún acontecimiento histórico.

Por tanto, el recorrido por las 90 placas se ha dividido en 6 itinerarios, siguiendo una división aleatoria desde el punto de vista geográfico. Es decir, se ha seguido el criterio urbanístico de las fases de la peatonalización de la zona centro de la ciudad. Cada itinerario es independiente y, por tanto, se puede empezar por cualquiera de ellos sin tener que seguir el orden numérico. En todas citas que tienen como origen fuentes medievales se ha respetado el texto en castellano antiguo, por lo tanto no existen, en todos estos casos, faltas ortográficas achacables al autor.

Desde Pizarro a la calle Santa Rosa
Las placas 1 a 31 hablan sobre la historia de la villa desde la prehistoria hasta 1961 cuando Leganés comienza su primera transformación urbana, empiezan a cambiar los usos y costumbres, se rompe la monotonía y el silencio de pueblo y éste se va convirtiendo, poco a poco, en una ciudad dormitorio con la etapa de despegue y consolidación demográfica que sucede entre los años sesenta y ochenta del siglo XX. Leganés a partir de los años noventa pasa a convertirse en una ciudad que no depende para nada de los servicios que ofrece la capital, convirtiéndose en un municipio con una entidad propia que genera los suficientes recursos culturales, educativos, comerciales, de servicios y ocio, etc., como para ser considerada una gran ciudad.

Comenzamos el recorrido en la confluencia de la calle Pizarro con el Paseo de Colón y la calle de Rodrigo de Triana y terminamos en la calle de Santa Rosa, recorriendo para ello la Avenida de Fuenlabrada y la Avenida de la Universidad. Desde la primera placa que se remonta a la edad prehistórica, se descubre que el territorio actual del municipio ha sido residencia de asentamientos humanos desde el Paleolítico Superior, pasando por la edad del Cobre, la Edad del Hierro. También nos visitaron los carpetanos, fenicios, romanos, visigodos, árabes y el resto de culturas y pueblos que fueron poblando la Península Ibérica hasta que los cristianos comienzan la Reconquista en la época del rey Alfonso X el Sabio. El término municipal del actual Leganés no sabemos, a ciencia cierta, como se delimitó aunque si tenemos noticias de su fundación que se remonta al año 1280, en plena época feudal en la que las tierras están en manos de los señores feudales que son los dueños y señores de los hombres, las tierras, las aguas, las casas y las cosas.

Siguiendo el itinerario por la Avenida de Fuenlabrada vamos descubriendo como y los motivos por los cuales se funda la aldea de Leganar en 1280 y la etimología de su nombre; como cien años después de su fundación un vecino de la aldea es el responsable de que Enrique II de Castilla, primer rey de la dinastía de los Trastámara (1), conquiste Madrid en su lucha fratricida contra Pedro I, su hermanastro. Utilizamos una de las mejores fuentes de la Edad Media y Moderna: Las Relaciones Topográficas de Felipe II (Leganés, 1580) para dar una visión de conjunto de cómo era la aldea de Leganés hace 426 años, que junto con el Catastro del marqués de la Ensenada (Leganés, 1752-1761) y las Descripciones de Lorenzana (Leganés, 1787) nos dan información de la situación de la villa dos siglos después o la información del Diccionario Geográfico de Pascual Madoz, de 1850, entre otros.

En aquellos años la aldea dependía administrativamente del concejo de Madrid y era propiedad del rey de turno; ante cualquier pleito judicial, en segunda instancia, se debía acudir a los tribunales de Valladolid y para las cosas divinas dependía del arzobispado de Toledo. La aldea estaba representada en las Cortes de Castilla por los Procuradores elegidos por la villa de Madrid. Su justicia era impartida por dos alcaldes ordinarios y de la Hermandad (uno lo elegían los pecheros y otro los hijosdalgo de la aldea) que se elegían cada año, además eran elegidos dos alguaciles, cuatro regidores y dos escribanos.

Nos detenemos en un fenómeno singular que vivía en Leganés y que era conocido en todas las tierras de Castilla por su habilidad con los números, citado por Francisco de Quevedo en su obra “El Buscón” y por sus vecinos en las Relaciones Topográficas de Felipe II. Nos estamos refiriendo a Juan de Leganés, natural de la aldea e hijo de un pobre aldeano leganense “porque no sabe letras de leer ni escribir” y era capaz de hacer cuentas de cabeza y estas no se le olvidaban si al cabo del tiempo se las volvían a preguntar.

Siguiendo con los personajes que han sido importantes en la historia del municipio hacemos una referencia a la familia Muñoz, hijosdalgos ricos hacendados de la aldea. Juan Muñoz, a principios del siglo XVII deja parte de su fortuna para la construcción de una casa y hospital que recogiera a los vagabundos de la aldea y de Villaverde, con la condición de que se confesasen y comulgasen o, por lo menos confesasen antes de que la institución que crea Juan Muñoz les diera cobijo y cama para su curación. Este hospital estaba situado en la calle Juan Muñoz, actualmente ocupado por el Centro de Servicios Sociales “Juan Muñoz”, dependiente del Ayuntamiento de Leganés.
Otro personaje histórico que trascendió los limites de la aldea fue el marqués de Leganés. En 1627, Felipe IV concede a Leganés el titulo de villa al nombrar al prestigioso militar Diego Messia de Guzmán, I marques de Leganés y vizconde de Butarque. Fue un ímprobo e ilustre personaje de la Historia de España, como consecuencia de ser primo del conde duque de Olivares y de sus gestas guerreras por España y Europa, lo que le sirvió para que se le concediera el titulo de Grande de España en 1639, a perpetuidad. Una familia que dirigirá con mano de hierro los destinos de la villa que compra el poblado a Felipe IV en 1626 convirtiéndose en dueño y señor de sus tierras, sus gentes, sus casas y sus cosas. Como consecuencia de ello es el que nombraba a los alcaldes ordinarios, a las personas que debían ejercer la justicia local, etc. Esta familia rigió los destinos políticos y económicos de la villa durante 200 años, desde 1627 hasta 1820, año en que fueron abolidos todos los privilegios feudales y el régimen señorial.

Paseamos por la Avenida de la Universidad y nos acordamos también de Carlos III, el impulsor de la construcción del cuartel de San Carlos encargado al arquitecto italiano Francisco Sabatini, cuyas obras dirigió el arquitecto español José de Hermosilla y cuyos primeros ocupantes fueron las Reales Guardias Walonas, después fue ocupado por las tropas francesas a principios del siglo XIX cuando sucedió la invasión napoleónica; guardias civiles y legionarios también pasaron por el cuartel proyectado por Sabatini. El regimiento motorizado Saboya –heredero del Tercio de Saboya (1537), conocido por la batalla de San Quintín como el terror de los franceses- fue el último ocupante del cuartel al llegar en 1939 procedente de Cuenca y permanecer en él hasta 1991, año en el que comenzó la remodelación para convertirlo en la actual Universidad Carlos III.

Especial recuerdo tenemos para los héroes locales de la guerra de la Independencia, Nicomedes de Soto Garrote y Pedro Díaz Vicente, heridos en los sucesos del 2 de mayo de 1808 y fallecidos como consecuencia de las heridas pocos días después y a los hermanos Julián y Leandro Rejón, que se enfrentaron al invasor francés en la Puerta del Sol de Madrid y a su regreso a la villa fueron arrestados y posteriormente ejecutados. Para terminar el siglo XIX damos cuenta de la desamortización realizada en 1820 que supuso la abolición de los privilegios feudales y nobiliarios que estuvieron vigentes durante siete siglos en España y, por ende, en nuestro concejo.

Entramos en el siglo XX con una referencia a la agitación social que vive la sociedad española de principios de siglo, haciendo hincapié en la historia del primer tercio del siglo XX, y especial énfasis en los años treinta con la proclamación de la Republica en el municipio el día 21 de abril de 1931 por Pedro González González “Perucho”, que encabezaba la candidatura del Partido Republicano Federal de Leganés. En la villa, después de más de 650 años de existencia, por primera y única vez en su historia, un republicano consigue hacerse con la alcaldía. Atrás quedan los alcaldes elegidos a dedo por los diferentes marqueses de Leganés; por los gobiernos de turno según la coyuntura política; por la elite patrimonial del pueblo, después por vecinos adinerados; en plena guerra civil y en la posguerra, hasta 1947, por los militares. A partir de esa fecha y hasta 1979 designados a dedo por los Gobernadores Civiles y todos por su pertenencia a Falange Española Tradicionalista y de las Juntas Ofensivas Nacional Sindicalistas (FET y de las JONS).

Como es obvio el alcalde republicano, Pedro González “Perucho”, sufrió durante su mandato fuertes presiones de los dueños de la villa que no se hacían a la idea que los tiempos habían cambiado. Aunque estos cambios durarían poco tiempo, porque en octubre de 1934 fue cesado, aunque volvió a ser alcalde en febrero de 1936. En su discurso en el Pleno Municipal que proclama la República en Leganés “Perucho” manifestaba que para gobernar no es necesario más que personas de buena voluntad, democráticas y con verdadero entusiasmo para trabajar por el bien de los vecinos. Además prometió dar cuenta de la marcha de la administración del municipio; en su nuevo discurso para la constitución del Ayuntamiento, el 5 de junio de 1931, planteó que sus prioridades serian la enseñanza, el alumbrado público y el suministro de agua a la villa.

De 1934 a 1936, Leganés no es ajena a la agitación social de la época y vive la huelga general del 6 de octubre de 1934. Nos hacemos eco del primer y único referéndum de tintes locales celebrado en el municipio el día 5 de julio de 1936 -convocado por el Consistorio republicano, a cuyo frente se encontraba, otra vez, “Perucho”- con motivo de la solicitud de un préstamo que pide el Ayuntamiento para la construcción de un “grupo escolar”. Los resultados fueron abrumadoramente apoyados por los vecinos que votaron masivamente “SI”. Trece días después estalla la guerra civil y miles de vecinos abandonan el pueblo, la mayoría a la capital hacia la colonia del Viso. Durante la guerra civil el municipio se mantuvo leal a la República hasta que fue ocupado por las tropas franquistas el 4 de noviembre de 1936.

Damos unas breves pinceladas por este mismo año con varias citas entre las que entresacamos la toma de Leganés por las tropas rebeldes a la Republica y la realización del primer Pleno Municipal para ratificar a los concejales y al alcalde que previamente habían sido elegidos a dedo por los militares. Las atrocidades que cometieron ambos bandos durante los mil días que duró la contienda militar a la que se opuso con contundencia el pueblo español, porque para los militares era simplemente uno de los muchos golpes de Estado que proliferaron durante el siglo XIX y primer tercio del siglo XX. Lo que en un principio debía ser un golpe de Estado militar se convirtió, debido a la respuesta del pueblo y de las instituciones, en una larga y muy cruel guerra, que algunos autores han rebautizado como incivil.

Después del 4 de noviembre de 1936 las instituciones y la sociedad civil de la villa se ven sometidas al poder militar. Durante este tiempo los militares nombran y destituyen alcaldes y concejales o reorganizan la Gestora Municipal que rige los destinos civiles del municipio; comienza la depuración de funcionarios, la incautación de bienes y valores pertenecientes a los “elementos del llamado Frente Popular y de aquellas personas notoriamente desafectas al Movimiento Nacional”. Después de la guerra civil comenzará el miedo, el olvido de los hechos acaecidos años antes, la cárcel, los campos de concentración, el hambre, el pan amarillo “que nos lo da el Caudillo”, las cartillas de racionamiento, el estraperlo, la petición de informes -de diferentes organismos, instituciones, empresas, etc.- de buena conducta política, social, moral y religiosa observada por los vecinos de la villa, la autarquía, el aislamiento internacional, la bancarrota económica del país hasta que los norteamericanos nos insuflan millones de dólares a cambio de las bases militares y el reconocimiento del régimen fascista por la iglesia de Roma.

Por último reflejamos los cambios en la sociedad leganense, a partir de los años cincuenta, con la modificación de la estructura productiva y la estructura social de su población; el establecimiento de las primeras industrias y la construcción de los primeros bloques de viviendas en el que se denominará barrio de San Nicasio. El desarrollo urbanístico, el advenimiento de la democracia y la elección, después de muchos siglos, de los representantes municipales en 1979. Con ello terminamos el recorrido por el primer itinerario dedicado a comprimir los 726 años de historia de la ciudad.

De Juan Muñoz hasta la calle de Butarque
El segundo itinerario comienza en la calle Juan Muñoz en la placa 32 hasta la placa 42. En este recorrido paseamos por la citada calle, por las calles de Butarque, Nuncio y San Nicasio En este itinerario cambiamos de tercio al hacer un homenaje a los inmigrantes que vinieron al pueblo de Leganés, a principios de los años sesenta, para hacer de ésta una ciudad dormitorio y treinta años después convertirla en una gran ciudad autosuficiente. Para ello utilizamos el poema de “Vientos del pueblo” de Miguel Hernández.

De la misma manera realizamos un homenaje a los pobladores de la aldea al incorporar en estas placas los motes por los que eran conocidos los habitantes del municipio, desde tiempos remotos hasta que comienza su desarrollo urbanístico a mediados del siglo XX. Espero que nadie se vea ofendido por ello, ya que me ha movido simplemente el recuerdo de mi infancia y el recuerdo para muchos de los pepineros que, posiblemente, los tuvieran ya olvidados y de paso hacerles también un merecido homenaje. Valga decir que tal vez no estén todos. Para ellos mis disculpas. Probablemente a algunos no les guste que esto salga a la luz pública para que cientos de miles de leganenses sepan estos detalles, que eran habituales en el Leganés rural, hasta mediados del siglo XX y que siguen siéndolo en aquellos pueblos de nuestra geografía que no sobrepasan los 5.000 habitantes, que son muchos todavía. A ellos mis disculpas porque el objetivo no era remover viejas historias locales sino sacar a la luz pública unos datos que son un detalle de la idiosincrasia de los pueblos rurales y unos datos graciosos y dignos de reseñar.

Continua este itinerario hablando del hijodalgo Muñoz, de las dos ermitas que tenia Leganés en el siglo XVI: las ermitas de Butarque y de San Juan de Overa. Sobre la primera cabe decir que en 1580 la virgen de Butarque aún no era la patrona de la aldea. Por estas fechas eran dos santos a los que se tenia “voto de guardar”, que eran San Benito Abad para que les guardara de las plagas de escarabajos que asolaban las viñas y San Nicasio, para protegerles de las pestilencias que hubo en la aldea. Además, estaba la iglesia de San Salvador. En 1763 en las “Descripciones de Thomas López”, ya se habla de los dos ritos actuales a la Virgen de Butarque y a San Nicasio.

Recogemos el mito o la leyenda de la aparición de la Virgen de Butarque al “Cristiano”. Respecto a San Nicasio ya en 1580 era el patrón de la aldea como protector de los males y las pestes que asolaban las tierras de Leganés por estas fechas. En el siglo XVIII se construye, por el arquitecto real Ventura Rodríguez, la actual ermita en la que están enterrados los hermanos Julián y Leandro Rejón y que fue, durante la última etapa del franquismo, lugar de reunión de vecinos que luchaban por derribar al dictador.

De la calle Madrid hasta Palomares
Comienza el tercer itinerario en la placa 43 hasta la placa 54. En este recorrido visitamos las calles de Madrid, Teniente General Muslera, Palomares, Estebón, La Fuente, Jeromín y la plaza de Roma. Este itinerario es un mosaico de citas sobre la ciudad, entre las que encontramos un recuerdo para que los jóvenes y generaciones venideras conozcan los utensilios y aperos de labranza que eran utilizados cuando su ciudad era un pueblo, eminentemente agrícola, así como los oficios más destacados durante muchos siglos antes de que la revolución industrial y urbanística diera al traste con estos oficios, todo ello en la calle Madrid. Recordamos la fundación del Club Deportivo Leganés y el primer encuentro disputado en el campo de fútbol que estaba situado en la actual plaza de Roma.

Posteriormente se hace un recorrido –como muestra- por cuatro citas recogidas de la literatura española del siglo XIX y XXI que hacen referencias a Leganés en la literatura. Recogemos un censo de oficios de la villa en 1754, con sus correspondientes salarios y el número de empleos que había en la villa; otros datos se refieren a como ha ido evolucionando la población en los últimos quinientos años (1506 a 2006), que se pueden visitar en la calle de La Fuente. En dos placas recogemos, para conocimiento de todos los ciudadanos, que en la aldea de Leganés vivió, hasta 1555, Juan de Austria (Jeromín), hijo ilegitimo del emperador Carlos V y hermanastro de Felipe II, que participó, entre otras, en la batalla de Lepanto que puso fin al poderío turco en el Mediterráneo. Por último damos un salto en el tiempo para situarnos tres siglos después, en la calle Palomares, hablando de lo que invertía el Ayuntamiento por estas fechas en instrucción pública cuya cantidad era de mil duros anuales de un presupuesto total que ascendía a 11.000 duros, de 1897. Con ellos sostenía cuatro escuelas de niños y una de adultos, pagaba a los maestros, costeaba el material escolar y subvencionaba a los colegios privados.

Del Mediodía a Mesones
El cuarto itinerario comienza en la placa 55 hasta la placa 67. Comienza en la calle de Mediodía y termina en la confluencia de la Plaza de España con la calle Mesones, visitando las calles de Mediodía, Ordoñez, Santa Isabel, Antonio Machado, General Aranda, la plaza de la Fuentehonda, plaza de Paris y plaza de España. Este itinerario se dedica a realizar una descripción general de lo que se producía en el municipio y de los medios de producción con los que se obtenían las cosechas de hortalizas y cereales. Esta producción de cereales y hortalizas colocaba a la aldea entre las tres poblaciones más ricas de la actual provincia de Madrid, parte de la provincia de Toledo y Guadalajara en el siglo XVI, a pesar de tener muchos pobres entre sus vecinos, por lo que cabe deducir la irregular distribución de las tierras y la concentración de muchas y buenas de éstas en pocas manos; sin olvidar la incipiente industria que se va instalando en el municipio a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX; de las características orográficas y accidentes geográficos: fuentes, manantiales, dehesas de pastos, pozos, albercas, arroyos, prados, etc.

De los linajes que han reservado su residencia en esta villa y de las cuatro familias de hijosdalgo, que hace casi quinientos años, vivían en la aldea (Pedro de Rosales, Pedro Duarte, Bartolomé de Cáceres y Domingo Muñoz), así como la reseña realizada a un militar franquista, nacido en Leganés, que colocamos en la calle que lleva su nombre, que ve declinar su estrella al declararse partidario de los aliados en la segunda guerra mundial. En 1943 conspira contra Franco y en 1949 fue retirado de su actividad militar por su apoyo a la causa monárquica y rehabilitado por el rey Juan Carlos I. No se nos olvida una mención al gentilicio de “pepinero” y de una nostálgica placa que colocamos en la plaza de la Fuentehonda (anteriormente plaza de la Verdura), porque en ella, una vez a la semana, se colocaban puestos de venta de frutas y verduras, cuando Leganés era un municipio rural.

Las plazas de España y del Salvador
El quinto itinerario comprende las placas 68 a 73. Comienza en la Plaza de España en su intersección con la calle de Mesones y termina en la confluencia de la Plaza del Salvador con la calle del Sol. Es el itinerario más corto centrado en la visita a la plaza del Salvador donde se encuentra la iglesia del mismo nombre. Se comienza con una descripción de las condiciones higiénico-sanitarias de la villa, las enfermedades que padecían nuestros paisanos a finales del siglo XVIII, el tipo de alimentación que consumían y las consecuencias sanitarias que de ello padecían, la situación sanitaria de las calles y de las viviendas, etc.

Paseamos por el callejón de las Animas donde hacemos referencia al retablo de la iglesia del Salvador construido por Joseph de Churriguera y financiado por todos los vecinos de la aldea por medio de un impuesto sobre la carne y la venta de vino, previa autorización por el rey Carlos II. Recogemos unas estrofas del Cantar de los Cantares de Salomón, tomando como referencia la puerta principal de la iglesia y en esta misma plaza se coloca una placa para recordar la costumbre existente, hasta los años setenta del siglo XX, de quemar haces de paja en el camino desde la ermita de Butarque hasta el puente viejo del ferrocarril, al paso de la imagen de la Virgen de Butarque hacia la iglesia del Salvador y de la subasta de ofrendas de especies que se realizaba en la barbacana de la iglesia. Por último recordamos un poema de Luis de Góngora, de 1625, en el que se hace referencia a una moza del lugar que iba a recoger agua a una fuente que estaba situada en el extremo de la plaza del Salvador, donde actualmente se encuentra la escultura de “La Mujer del Cántaro o Aguadora” y donde estará situada la placa de referencia.

De Sol a Poetas
El último itinerario comienza en la calle del Sol a la altura del número 23 y concluye en la calle de los Poetas. Este recorrido lo dedicamos a diversos menesteres en las placas 74 a la número 89. En este itinerario paseamos por las calles de Isabel la Católica, Sol, Velasco, Campoamor, Rodrigo de Triana, Jacinto Benavente, Capitán Muro Durán, Poetas y la plaza de Tovares, en primer lugar para dar cuenta de la existencia de un municipio en las islas Filipinas con el nombre de Leganes (sin acento) realizando una pequeña historia de este enclave filipino.

Reconocemos la labor de motor económico que han desempeñado tanto el cuartel de San Carlos (Saboya) como el manicomio del municipio. Ambos dinamizaron la economía local, sobre todo la del sector terciario de la villa; el primero desde 1783 y el segundo desde 1852 siendo éste último una de las instituciones que ha dado más renombre al municipio en el ámbito nacional e internacional. El hospital psiquiátrico de Leganés fue pionero en muchos aspectos de la psiquiatría y por él han pasado ilustres personajes como Blas de Otero y Leopoldo Maria Panero y de él han hablado en su literatura Benito Pérez Galdós en varias de sus obras literarias. Los habitantes del manicomio y los habitantes del municipio han dado ejemplo y han sido modelo de convivencia entre “los cuerdos y los locos” que paseaban, en perfecta armonía, juntos por las calles de la ciudad; te pedían tabaco por entre las rejas de sus habitaciones, iban al cine Ideal los domingos a la sesión de las 16:30 horas y los colocaban en las primeras filas. E igualmente, ha sido referencia de coplillas populares como la siguiente: “Tres cosas tiene Leganés / que no las tiene Getafe / casa de locos, el cuartel / y el huerto del tío Tomate”.

En una cita recogemos los tratamientos psiquiátricos que se empleaban en el siglo XIX para curar la enfermedad de la locura y la catalogación que se hacia de su enfermedad, así como de los tratamientos que los dispensaban. En otra cita se recoge una superstición del pueblo de Leganés cuando pasaba cerca de las paredes del manicomio. Se hace referencia a un personaje, de indudable trascendencia en la historia de España, como fue Pablo de Olavide, peruano que emigró hacia España y ocupó altos cargos en la administración en el siglo XVIII. Personaje de conciencia poco escrupulosa ya que se aprovechó de circunstancias catastróficas en su país para enriquecerse. Estuvo cumpliendo su condena en libertad condicionada en Leganés e intimo con una acaudalada viuda cincuentona vecina de esta villa, con la que se casó. Fue el autor de la primera reforma universitaria moderna.

Una segunda línea de actuación comienza en la placa 79 hasta la placa 84, situadas en la calle Campoamor, en la que hacemos un recorrido por cincuenta años en la historia del pueblo. Comenzamos con la primera guerra carlista en 1833 y el intento del asalto del cuartel de San Carlos por las tropas carlistas, que fueron dispersadas por el alcalde al frente de los vecinos del pueblo. Seguimos con una descripción de la villa entre 1848 y 1884, para adentrarnos en los incipientes progresos de la era industrial y el desarrollo del capitalismo, que afectan del mismo modo a Leganés, con la llegada del ferrocarril y del tranvía, la canalización de las aguas negras, la electricidad, etc.
Y por último, podemos pasear por las seis últimas citas del sexto itinerario que están dedicadas a poemas sobre diversos temas entre los que se encuentran dos placas de poemas dedicadas a Leganés. Una de ellas de Blas de Otero, durante su estancia en el manicomio, y la otra de Luis de Góngora, que hace referencia a una joven de la villa y dos dichos populares. El resto de las citas son poemas de Quevedo y del arcipreste de Hita sobre la pobreza y el dinero y acabamos con un tema que ha sido y es muy popular en la villa, la fiesta de los toros, no sin antes mencionar sus correspondientes encierros que tienen una larga tradición en el municipio, ya que se remontan, según tenemos conocimiento, al año 1600.

Con ello se acaba el recorrido por las calles de la ciudad que han sido peatonalizadas y que nos han servido para pasar unas horas agradables recorriendo la historia y las costumbres de una aldea, más tarde villa y que cuatrocientos años después se ha convertido en una gran ciudad.


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(1) Se da el nombre de Casa de Trastámara a una dinastía de reyes que gobernaron en Castilla (de 1369 a 1504), en Aragón (de 1412 a 1516), en Navarra (de 1425 a 1479), y en Nápoles (de 1458 a 1501). Los Reyes Católicos (Isabel I y Fernando II de Aragón) pertenecían a la dinastía de los Trastámara. La última monarca de esta casa en gobernar en España fue la reina Juana I de Castilla, hija de los Reyes Católicos, que por su matrimonio con Felipe I el Hermoso dio paso al gobierno de España por reyes de la casa de Habsburgo. “http://es.wikipedia.org/wiki/Casa_de_Trast%C3%A1mara"



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